Esa sensación de encontrar tu sitio.
Cuando encuentras ese lugar donde eres la persona más feliz del mundo, donde nadie puede destruirte, y donde sabes que vas a estar bien, siempre, pase lo que pase.
Ese lugar, aquel que nada más llegar, lo único que haces es cerrar los ojos y respirar fuerte, oliendo ese aroma de tranquilidad. No ruidos, no problemas, solo tranquilidad.
Cierras los ojos, respiras, sientes la humedad, sonríes, abres los ojos y lo ves. Cierras de nuevo los ojos, y los vuelves a abrir para darte cuenta de que no estas soñando, que estas ahí de verdad. Y en cuanto te das cuenta de donde estás, nada te importa, nadie puede contigo. Eres feliz. Sumamente feliz.

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